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Aunque fenicios, romanos y árabes introdujeron especies interesantes en la jardinería mediterránea (limonero, árbol de Júpiter, árbol del paraíso, naranjo amargo y otras), fue a partir del siglo XV, con el descubrimiento de América y algunas regiones africanas y, sobretodo, durante los siglos XVIII y XIX, cuando se incorporaron nuevas especies que cambiarían significativamente el número y proporción de plantas exóticas utilizadas en los jardines de la vieja Europa.
Este movimiento de plantas fue progresivamente, por supuesto, multidireccional. Tal trasiego de especies ha dado lugar a que suela haber confusión en determinados términos utilizados en paisajismo como plantas autóctonas, mediterráneas, silvestres, naturalizadas, etc.
Así, en un sentido genérico se habla de jardín mediterráneo incluyendo especies como buganvilla, jazmín, naranjo, dama de noche, lantana, pita, etc., cuando éstas no pertenecen realmente a la flora mediterránea, a pesar de que nuestro cerebro las identifique sin dificultad como si lo fuesen, por su vieja y abundante presencia en nuestros paisajes que les confiere una cierta impronta mediterránea.
Reseñemos cuales podrían ser las ventajas y, ¿por qué no?, también los inconvenientes del uso de plantas autóctonas en paisajismo.
Como ventajas estarían las siguientes:
· Son plantas propias de la zona, adaptadas al régimen hídrico, temperatura y suelos del lugar. · Algunas plantas tienen connotaciones etnobotánicas.
· Sirven de elementos integradores entre el medio urbano y el rural o natural.
· Son las más apropiadas para restaurar paisajes degradados por impactos ambientales.
· Son un patrimonio natural: constituyen un banco germoplásmico.
· Permite crear viveros de plantas autóctonas en sus lugares de origen beneficiando la
economía de zonas rurales.
· Son un campo interesante de experimentación y reto para paisajistas.
Como inconveniente destacaría los siguientes:
· Desconocimiento del "manejo" de muchas de ellas.
· Algunas son de crecimiento lento o bajas, sobre todo los árboles.
· Problemas de disponibilidad: falta de viveros especializados.
· Indumentos o características no deseables en algunas de ellas.
· Errores posibles por mitificación de las plantas autóctonas.
En esta presentación, me gustaría subrayar, al hilo del último párrafo, que la utilización de plantas autóctonas no debe entenderse como la de aquellas plantas todoterreno que lo sufren y padecen todo, estoicamente, lejos de esto, debemos conocer sus hábitats naturales y su relación o coexistencia con otras plantas para que en nuestra composición paisajística ocupen posiciones lo más parecidas a éstas.
Por último, debemos tener en cuenta que el clima mediterráneo, aunque se define por unas características generales, como puedan ser la existencia de un período seco y caluroso de más o menos tres meses (junio a septiembre) y un invierno más o menos lluvioso y templado, presenta una variabilidad notable en función, sobretodo, de la media de la temperaturas mínimas del mes más frío (que marca el riesgo de heladas) como es el caso de muchas zonas del interior y/o montañosas de nuestra Península, y de las precipitaciones medias, recordemos que en Grazalema (Cádiz) es de 2.200 l/m2 año y de 300 l/m2 en gran parte del SE de la Península. Estos dos elementos unidos a la naturaleza del suelo habrá que tenerlos bien en cuenta para elegir las especies adecuadas y tener éxito en las plantaciones.
Visto en jardinactual.
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